CONTRADICTORES DE LA MASONERÍA EN EL SIGLO XIX
 


 

La Masonería a través de su historia ha tenido contradictores unos realmente temibles como la iglesia Católica y otros auque menos peligrosos no menos virulentos cargados de odio y mentiras como fueron León Taxil, Doctor Bataille, Hacks y Margiotta, personajes que recrearon sus obras en las más inverosímiles historietas con el fin de llegar más al público, estas obras aunque estúpidas  e inofensivas para el hombre culto, para el común del hombre del siglo XIX fanático religioso de una peligrosidad mortal. Es por ello que consideramos de gran interés entregar a los lectores el presente texto continuación de los Anatemas Pontificios, tomado del mismo libro y el mismo Autor.

A la encíclica de León XIII surgieron innumerables cartas pastorales, sermones y folletos. En periódicos, revistas y libros fue comentada triunfalmente la manifestación del Papa y aún la inflaron todavía más, no hay que decir que a estas manifestaciones surgieron las contramanifestacioes. Durante años enteros se lucho furiosamente de esta manera. En esta lucha sufrieron los agresores tan tremenda derrota, que debilitó enormemente la fe de innumerables personas que hasta entonces habían creído la verdad cuantas falsedades se habían inventado. Tal fue la grotesca superchería de León Taxil, que en el mismo momento en que parecía dar el golpe decisivo contra la masonería, terminó en el más espantoso ridículo.

El francés León Taxil, cuyo verdadero nombre era Gabriel Hogand Pagés, educado por jesuitas en una casa de corrección, se entregó ya hombre al radicalismo y al librepensamiento, y por breve tiempo fue masón, sin pasar del grado de aprendiz, y después de haber visitado tan solo tres veces una Logia, fue expulsado de ella. Por haber adquirido fama de furioso anticlerical, causó en 1885 enorme sensación la noticia de que públicamente había abjurado de su pasado, reconciliandose con el catolicismo. Esta victoria sobre el enemigo mortal fue considerada como un enorme triunfo, puesto que nadie podía figurarse la enorme farsa que se preparaba, con la cual no tenía Taxil precisamente la intención de prestar un servicio a la Masonería, a la que también odiaba, sino de obtener el máximo beneficio de ese lucrativo negocio. Publicó una serie de libros antimasónicos, de los que el primero apareció en 1885 con el título de Les frères troispoints, estando el publico bien preparado por la encíclica del Papa. En este libro y en los que siguieron se estamparon las leyendas más espantosas y absurdas. A fin de hacer más apetitosas sus narraciones dijo algo de verdad sobre los rituales masónicos, aunque nada nuevo, pues ya lo habían revelado otras publicaciones; pero dio la impresión de que también lo demás había de ser verdad. En su libro Les frères troispoints dijo el embustero que los masones se dedicaban al culto del diablo, que no significaba otra cosa que la glorificación de Lucifer. Dice que sobretodo “el aeropago y el capítulo están bajo la influencia del Espíritu del Mal de Lucifer y de Ebli, el pretendido ángel de la luz con el cual los Caballeros Kadosh (masones del grado 30) están en comunicación directa por miedo de diabólicos conjuros y nigromancias. Decía así: “Se dice que muchos de mis lectores serán incrédulos y se reirán de mis afirmaciones; y francamente, también yo durante mucho tiempo me negué a creerlo, riéndome de ellas. Sin embargo, después de un detenido examen documentado he tenido que cambiar de opinión y me he convencido de que el espíritu diabólico desempeña efectivo papel en la misteriosa dirección de la Masonería mediante el inaccesible areopago. La organización y dirección de esta secta secreta son demasiado satánicas para poder explicarlas desde una manera puramente humana.

Cosas fantásticas contó Taxil también de sucesos pornográficos en Logias femeninas y de “asesinatos clandestinos en la masonería”, a los cuales dedicó un libro especial. Numerosos periódicos católicos de la época de Taxil llenaron diariamente columnas enteras con sus invenciones.  Todas sus paparruchas se convirtieron en un fraude piadoso tanto él “convertido” por recomendación de elevadísimos eclesiásticos fue recibido en audiencia solemne por León XIII, lo que le dio ánimos para imaginar patrañas más y más inverosímiles. En 1891 publicó Les soeurs maçonnes en la cual, así como en otros, exponía con todos sus detalles el Faladismo oculto al diablo en los altos grados de la masonería. Dijo que “en las Logias faladísticas de Satanás e celebraban verdaderas orgías. Se adora a Lucifer como principio del bien y al Dios de los cristianos se le infama como el espíritu del mal. Aquí empieza el culto y la adoración directa del diablo, la bestialización progresiva del hombre por el arte negro; y finalmente, el homenaje a Satanás en figura de serpiente. El adepto repite los juramentos de obediencia absoluta a las ordenes de la Logia, lo que sea y cuando sea que se ordene algo. Invoca a Satanás como a su Dios, según el ritual del arte negro, lo adora en forma de Baphomet, ídolo infame con pies de cabra, pechos de mujer y alas de murciélago”.

El punto culminante de las orgías es, según Taxil, la profanación de la ostia en les soeurs maçonnes  presentó Taxil a Sophia Walder, inventada por él; osea la “Bisabuela del Anticristo” que dice fue elegida Gran Maestre Faladística el día 21 de enero de 1889.

A fin de disipar cuantas dudas pudiese haber se publicaron de pronto unas revelaciones, de la misma tónica.  Un tal “doctor Bataille”, un alemán llamado Hacks, publicó por entregas semanales un voluminoso libro: Le diable au XIX siècle  el Italiano Domenico Margiotta dedicó al culto del diablo también varios libros elevados eclesiasticos entre ellos como Mgr. Fava, ovispo de Genoble, que Taxil había escogido hábilmente para sus fines, se convirtió en entusiasta apóstol, e innumerables personas creían que el masón americano Alberto Pike, jefe del rito escoces era efectivamente el “Papa del diablo”; que en Francia, el sesenta por ciento de las Logias, con el nombre de “Logias femeninas” tenían en sus dependencias un harén que Satanás en persona presidía frecuentemente estas orgías sacrílegas y que en estas ocasiones era su mayor alegría arrastrar por el lodo una contrafigura viva de Dios.

Fue un negocio estupendo. Las publicaciones de Taxil, Hacks y Margiotta tuvieron enorme venta. Al creer al padre hermman Gruber se vendieron en brevísimo tiempo cien mil ejemplares de les frères troispoints a una publicación seguía otra con el mismo éxito. Llegó de refuerzo Paul Rosen, que también dijo que era “masón convertido”· y añadió los libros Satán & Compañía y L’ennemie sociale, siendo este último recomendado muy especialmente por un breve del Papa. Pero también cooperaron personas que no estaban en la maquinación. El arzobispo francés León Meurin publicó La maçonnerie-synagogue de Satan, cuya lectura erizaba los cabellos y se basaba enteramente en la autoridad de Taxil.

Decía entro otras cosas: “Lucifer ha imitado el arca de la alianza en el Baphomet (símbolo de Logia), los dos querubines están sustituidos por dos cuernos… creemos firmemente que aquí se aparece Satanás en persona a su representante a su substituto, dándole comunicaciones.”.

Desde luego que no podemos entrar en detalles de estas cosas que a finales del siglo XIX tuvieron en enorme tensión a todo el mundo católico y a muchos no católicos. Las mentiras fueron apoyadas en casi todas las publicaciones con “retratos originales” y sin escrúpulos se hacía intervenir escandalosamente que aún vivían como actores de las abominables invenciones.

Los embusteros trataron de superarse unos a otros en cuanto a invenciones. Sobre todo el “Doctor Bataille” demostró una ingeniosidad increíble en inventar los más terribles rituales. Dijo que “Los hermanos fomaron coro alrededor de cráneos de Jesuitas, maldijeron de todo lo divino, destrozaron los cráneos y quemaron los pedazos ante la imagen de Bophamet. Luego empezó, con grandes truenos y un fuerte viento, la evocación del diablo. De repente apareció Lucifer en medio de un fulgor de luces sobrenaturales. De pronto, absoluta e impenetrable oscuridad. Un grito horroroso confusión indescriptible. Un hermano cayó muerto al suelo. El Diablo en persona se había llevado su alma. Carcajadas Satánicas de los masones descorazonados…”.

Pike, el Papa del diablo estaba naturalmente provisto de modernísimos inventos técnicos. Mediante una “red telefónica satánica” sin hilos estaba en comunicación con todos los grandes maestres del Faladismo. Había también un cocodrilo diabólico que tocaba el piano y una serpiente con don profético, que pertenecían al ritual masónico. Y si alguien expresaba la sospecha de que, a pesar de la aprobación del Papa, pudiera ser todo ello una mistificación, se le convencía inmediatamente con innumerables testimonios de los más altos dignatarios eclesiásticos.

El lunes de Pascua de 1897 estalló por fin la bomba. Leo Taxil había convocado una gran reunión en la sala de la sociedad geográfica de París, en que, después del “sorteo de una maquina de escribir”, daría una conferencia, con proyecciones luminosas, sobre el culto del Faladismo. Taxil no dio esta conferencia, sino que por el contrario, declaró al enorme público que escuchaba con grandísima atención que había logrado la mayor mistificación de los tiempos modernos; que miss Vaughan no había existido nunca y que durante doce años engañó estupendamente a los más altos dignatarios de la Iglesia católica. La impresión causada por estas revelaciones fue quizá más intensa todavía que la mistificación misma, no solamente por el auditorio que armó un escándalo formidable, sino sobre todo en el público. Durante alguna temporada no se habló de Lucifer ni de los diablos Bitru y Asmodeo, pero no por eso se desvaneció la creencia en el “culto que al diablo tributan los masones”, pues aún persiste hoy día con enorme obstinación. No son solo los tontos y simples quienes creen tales patrañas, pues la La semaine religieuse  de Grenoble, publicó el testimonio de un sacerdote Francés, diciendo que había visto a satanás en una Logia masónica.

Pero los que se habían visto expuestos al ridículo por la farsa de Taxil trataron de remediarlo emprendiendo una ofensiva más intensa si cabe contra las demás “atrocidades” de los masones mencionados en la encíclica de 1884 y bien puede decirse que la gran mayoría de invenciones y calumnias contra los masones, desde el punto de vista político, cultural y social, proceden del campo católico. Todavía hoy existen gran número de sociedades antimasonicas sobre todo, en Francia, donde abundan las trompas de ataque. En un folleto publicado recientemente por R. Mennevee, titulado: L’organisation antimaçonnique en France, se da cuenta, a base de numerosos documentos, de la encarnizada lucha en que aún se ve expuesta la Masonería. La gran batalla perdida contra León Taxil y sus compañeros sirvieron de tropas de choque no desalentó a los derrotados. Como hongos surgieron muy luego organizaciones antimasónicas, y en nuestros días apenas ha cambiado la situación en esta lucha, algunos diarios y bastantes revistas pelean contra la Masonería, en primer lugar la revue internationale des Sociètés Secrètes, que combina el movimiento antimasónico con un rabioso movimiento antisemitista y habla continuamente de la leyenda del establecimiento del dominio mundial por parte de los judios. Luego de los Cahiers de l’ordre , que con tendencia también antisemítica tiene por principal objeto denunciar que la masonería y los sovieticos marchan por el mismo camino. Hay que mencionar así mismo el comité Pour le bon goût français et chrétien, que truena contra la moda femenina del pelo corto y las faldas cortas, “que son obra diabólica de la Masonería.”.

En vista de estas circunstancias no es extraño que la Masonería francesa, en un principio no era en modo alguno anticlerical, se haya orientado ahora en este sentido, aunque no cerraría sus puertas a católicos sinceros.

 

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