UN EJEMPLO EN NUESTRO MEDIO COLOMBIANO EN EL SIGLO XIX

 

La ignorancia el fanatismo y el peligroso odio del cual hacían gala algunos religiosos como presbíteros de provincia del siglo XIX en todo el territorio nacional, fue de nefasta influencia para poblaciones que mostraban alguna tendencia de desarrollo económico y cultural a mediados del siglo XIX. Tal es el caso que mostramos a continuación donde el Párroco de la ciudad del Socorro, para esa época capital del Estado Soberano de Santander, haciendo uso de la autoridad de su investidura arremete contra la Logia Masónica y contra sus afiliados, cabe anotar que el contexto y el momento histórico en el que se da el hecho es el siguiente: La ciudad del Socorro es la capital del radicalismo liberal, en un estado que tenia una constitución política en la que se reconocía la libertad de cultos, educación laica y la religión Católica no tenia mayores privilegios que los que le otorgaba su feligresía.

Sin embargo, los religiosos creían poseer la verdad divina llegando a anatemizar a instituciones y personas con la mayor prestancia y dignidad lograda durante años en esas poblaciones, hasta el punto de exigir el abandono publico de sus creencias o convicciones de libre pensamiento, prohibir la educación de sus hijos o sino por el contrario, debieron buscar otras ciudades para desarrollar sus actividades, tal como lo tuvieron que hacer muchos hombres ilustres, comerciantes de éxito y profesionales al final del siglo XIX..

El texto seleccionado ilustra el desenvolvimiento en la provincia Colombiana en el siglo XIX de los anatemas pontificios y la publicación de obras literarias contra la masonería,

Hechos y Gentes del Estado Soberano de Santander; Gómez Rodríguez, Ramiro. Fondo Cultural Cafetero.

Una etapa trascendental en la historia de la Masonería en Santander es la organización de la primera Logia en el Socorro. De la obra “historia de la Masonería Colombiana” del Doctor Américo Carnicelli tomamos estos datos importantes al respecto:

“En la ciudad del Socorro, Santander, se fundó en instancia en el año de 1865 una Logia con el nombre de ESTRELLA DEL SARAVITA . El trece de Diciembre del mismo año le fue expedida la carta patente por el Supremo Consejo de la Jurisdicción del Centro del  Grado treinta y tres de Bogotá, con el número cinco”.

La Logia masónica “Estrella del Saravita” numero cinco, rápidamente cobró auge porque ingresaron los más ilustrados y sobresalientes ciudadanos de la sociedad Socorrana, en tal forma, que en algunas oportunidades se gestaron en ella candidaturas presidenciales. Fue la primera de las Logias organizadas en el estado soberano de Santander, como también la más importante. Por esta misma época de la fundación de la Logia en el Socorro la práctica de la religión disminuyó en alto grado, especialmente entre los notables, como refiere el Doctoro Marcos Evangelista Araque en una de las partidas parroquiales y la administración de los altos Sacramentos era escasa porque los deudos no la solicitaban.

El doctor Moisés Higuera, cura párroco del Socorro por 1873 a 1876 inclusive, preconizado obispo por consistorio del primero de abril de 1876, en ejercicio del curato, se cruzó cartas por demás interesantes con el venerable maestro Doctor Guillermo León, que no podemos omitir aun cuando sea en sus apartes principales. Halladas en el libro ciento cuarenta y dos “Copiador de comunicaciones dirigidas a las autoridades eclesiásticas y civiles y a los particulares, principia el 19 de Noviembre de 1873”:

La primera fechada el 25 de septiembre de 1874 dice así:

“Por acuerdo de la Resp\Log\Mas\que funciona en esta ciudad bajo el título de Estrella del Saravita Nº 5 … Tiene ella conocimiento privado pero enteramente fidedigno, de que en uno de los últimos domingos, a la hora de misa mayor y en el momento solemne en que el sacerdote cristiano va a ejercer su más augusto ministerio dirigiendo al pueblo palabras de caridad, de consuelo y de esperanza, en nombre del Dios de paz y de misericordia de quien se considera ministro establecido para enseñar sus caminos, usted tuvo a bien dirigir a sus numerosos oyentes, allí reunidos, palabras de agravio y vilipendio contra la sociedad masónica en general, y muy en particular contra la Logia aquí establecida, calificando los actos y los miembro de ésta con términos los más adecuados para deprimir la dignidad personal de cada uno de nosotros, para inculcar la desconfianza y la discordia en nuestras familias y para excitar en contra nuestra la animadversión y el odio de las gentes sencillas que en su ignorancia pueden llegar hasta el crimen, juzgándolo un acto meritorio ante Dios y de su conciencia… y todo esto, señor Doctor Higuera, sin que de nuestra parte haya precedido provocación alguna, ni el más leve motivo que justifique, que pueda siquiera haberle servido de pretexto para irrogarnos tan brusco, tan injusto, tan inmerecido agravio.

Casi diez años hace que esta sociedad se haya aquí establecida, sin reserva, sin hacer misterio de su existencia, porque no tiene porque ocultarse ni aún de sus gratuitos enemigos, y en tan largo transcurso de tiempo, conocida su misión y los medios que emplea para cumplirla, ha podido ser juzgada con acierto, avaluándola por sus frutos en la conducta pública y privada de todos y cada uno de sus miembros.

El resultado de este juicio en la opinión más ilustrada, y de mejor criterio no le ha sido ciertamente desfavorable, puesto que el número de sus afiliados crece y su acción se ensancha en proporciones muy consoladoras para los que tenemos evidencia moral de estar ejecutando una obra santa por su objeto y meritoria y difícil por sus medios… Guillermo León”

El Doctor Higuera contestó el 6 de Octubre siguiendo así:

“Perdóneme el que le conteste algo tarde… perdóneme el que le manifieste que aunque las personas que figuran en la lista que acompañó son muy respetables y dignas del mayor afecto de mi corazón eso no me puede obligar a guardar silencio en la cuestión porque si yo no hablara, ¿quién lo haría por mi? Es profunda por el contrario la pena que ocupa mi alma al ver que personas de sano criterio y tan buenas estén en una corporación anatematizada por la Iglesia y que crea que yo he obrado mal en advertirlo… Moisés Higuera”.

La lista adjuntada por el Venerable Maestro León es una nómina de lujo, en la cual figuran médicos, abogados, hacendados, comerciantes y presidentes del estado soberano de Santander.

En la etapa de la Regeneración el Doctor Rafael Núñez acabó con las Logias. Sin embargo, La del Socorro subsistió hasta finales de siglo. Algunos masones viajaron a residenciarse en diferentes lugares y otros permanecieron en la ciudad resistiendo el embate tan terrible que se les vino encima. Cuando el oscurantismo más reaccionario imperó en la República y la persecución más tremenda se desarrolló contra los defensores de la libertad. Arreciada con la creación de la diócesis del Socorro en 1895, erigida con el fin de terminar para siempre con la famosa Logia Estrella del Saravita, la cual no pudo subsistir mayor tiempo después porque a los hijos de los masones no les permitieron entrar en los planteles de educación y el dilema que se les presentó fue este: O los jóvenes quedaban en la ignorancia más absoluta o sus padres abdicaban de su credo para poderlos educar. En esta forma explica el doctor Luís Martín Dávila Blanco, en su folleto “cincuentenario”, el suceso en estos términos adversos:

“En este año de 1898 se fundó la Revista Diocesana, órgano oficial de la diócesis. El Señor Obispo Blanco refutó en ella los errores de un vocero de la Logia masónica “Estrella del Saravita”, que aún funcionaba aquí y tuvo el consuelo y la gloria de acabar con esa secta tenebrosa. Convirtió y auxilió en su lecho de muerte a los últimos dirigentes de ella.

Igualmente la Revista Diocesana dice al respecto: “El Socorro había sido por muchos años el centro de la masonería, y no era de extrañarse la ignorancia de la religión el alejamiento de las prácticas piadosas y la corrupción de costumbres. El Illmo. Señor Blanco con sus sacerdotes se dio a la predicación, a la enseñanza del catecismo, al fomento de la piedad con el establecimiento de congregaciones piadosas, frecuentes misiones y retiros, y en poco tiempo el Socorro se tornó de ciudad indiferente en un de las más piadosas de la diócesis”.   

Seguramente el artículo de la revista Diocesana oculto la verdadera razón por la cual la Logia Estrella del Saravita abatió sus columnas: Terminada la Guerra de los Mil Días, confrontación entre liberales y conservadores, en donde la ciudad del Socorro perdió gran parte de sus hijos más ilustres que aun quedaban después de las guerras que El Socorro sostuvo en el siglo XIX en defensa de la libertad de conciencia y pensamiento, se dio la desbandada de socórranos hacia otras regiones en que fueran personas desconocidas para poderse residenciar.

Casos similares o más delicados se presentaron a lo largo del territorio nacional siendo el más grave el que protagonizó el Obispo de la ciudad de Pasto por la época de la guerra de los Mil Días, Fray Ezequiel Moreno, quien no solo persiguió a los masones sino a los liberales, condición suficiente para encontrarse en grave estado de pecado.

 


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